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Sínodo de Obispos. Escuchar a la familia y discutir las perspectivas pastorales con la mirada puesta en Cristo

Sínodo de Obispos. Escuchar a la familia y discutir las perspectivas pastorales con la mirada puesta en Cristo
octubre 19
14:53 2014

Ciudad del Vaticano, 13 octubre 2014 (VIS).- La »Relación después de la discusión» del Sínodo extraordinario sobre la familia presentada esta mañana en el Aula del Sínodo por el Relator general de la Asamblea, el cardenal Peter Erdo, recoge las principales reflexiones de los Padres Sinodales surgidas en el Aula durante estos días y sirve como base al documento final del Sínodo.

Sínodo 4. Peter Erdo

La relación dicta principalmente tres directrices: escuchar al contexto socio-cultural en el que las familias viven hoy en día; discutir las perspectivas pastorales que deben adoptarse y sobre todo a mirar a Cristo, a su Evangelio de la familia.

La familia -realidad »decisiva y valiosa», »seno de alegrías y pruebas, de afectos profundos y de relaciones a veces heridas» »escuela de humanidad»- de ante todo escucharse en su »complejidad». El individualismo exasperado, »la gran prueba» de la soledad, »la afectividad narcisista», unida a la »fragilidad» de los sentimientos, »la pesadilla» de la inseguridad en el empleo, junto con la guerra, el terrorismo, la migración, deterioran cada vez más las situaciones familiares. Y es aquí – se lee en la relación – donde la Iglesia debe dar »esperanza y sentido a la vida del ser humano contemporáneo, haciéndole conocer más »la doctrina de la fe», pero proponiéndola »junto con la misericordia.»

A continuación, mirar a Cristo, que »reafirma la unión indisoluble entre el hombre y la mujer», pero que también permite »leer en términos de continuidad y novedad la alianza nupcial». El principio – explica el cardenal Erdo – debe ser »gradual» para los cónyuges de matrimonios rotos, en una »perspectiva inclusiva» de las »formas imperfectas» de la realidad nupcial. Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas

Por lo tanto, necesitamos una »nueva dimensión de la pastoral familiar,» que sepa nutrir las semillas en maduración, como los matrimonios civiles caracterizados por la estabilidad, el afecto profundo, la responsabilidad con los hijos y que pueden conducir a la unión sacramental. También porque a menudo las uniones de hecho o las convivencias no están dictadas por un »rechazo de los valores cristianos», sino por necesidades prácticas, como a la espera de un trabajo fijo. Verdadera »casa paterna», antorcha en medio de la gente» – continúa el purpurado – la Iglesia debe acompañar »con paciencia y delicadeza», »con atención y cuidado a sus hijos más vulnerables, aquellos marcados por el amor herido y perdido», dándoles »confianza y esperanza».

En tercer lugar, la Relación después de la discusión aborda las »instancias pastorales más urgentes» para confiarlas a su »concretización en las Iglesias locales particulares» siempre en comunión con el Papa. En primer lugar está »el anuncio del Evangelio de la familia », actuado »no para condenar, sino para sanar la fragilidad humana ». Y este anuncio atañe los fieles: Evangelizar es responsabilidad compartida de todo el pueblo de Dios, cada uno según su propio ministerio y carisma. Sin el testimonio alegre de los esposos y de las familias, el anuncio, aunque sea correcto, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras que caracteriza nuestra sociedad . Los Padres sinodales han subrayado varias veces que las familias católicas están llamadas a ser en sí mismas los sujetos activos de toda la pastoral familiar..

El evangelio de la familia es »alegría», subraya el cardenal Erdö, y para esto se requiere »una conversión misionera,» con el fin de »no detenerse en un anuncio meramente teórico y desconectado de los problemas reales de las personas.» Al mismo tiempo, también es necesario actuar sobre el lenguaje: La conversión debe ser sobre todo aquella del lenguaje para que resulte efectivamente significativa… No se trata solamente de presentar una normativa sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad de estos, que se constata hoy también en los países más secularizados.

Por otra parte es esencial, »una adecuada preparación para el matrimonio cristiano», porque éste no es sólo »una tradición cultural» o »una exigencia social», sino »una decisión vocacional.» No se trata de »complicar los ciclos de formación», sino de »ir en profundidad y de no contentarse con encuentros teóricos o con orientaciones generales», renovando también »la formación de los presbíteros» sobre este argumento, gracias a la participación de las mismas familias cuyo testimonio debe ser »privilegiado». Se sugiere el acompañamiento de la Iglesia también después del matrimonio, período »vital y delicado» en el que los cónyuges »crecen en la conciencia de los desafíos y del significado del matrimonio».

Del mismo modo, la Iglesia – continúa la Relación – debe alentar y apoyar a los laicos comprometidos en la cultura, en la política y en la sociedad, para que no falte la denuncia de aquellos factores que impiden »la auténtica vida familiar determinando discriminaciones, pobreza, exclusiones, violencia».

Por cuanto respecta a los separados, divorciados y a los divorciados que se han vuelto a casar, el cardenal Erdo hace hincapié en que »no es sabio pensar en soluciones únicas o inspiradas en la lógica del “todo o nada”; el diálogo debe continuar, por lo tanto, en las iglesias locales », con respeto y amor» por cada familia herida, pensando en aquellos que han sido injustamente abandonados por el cónyuge, evitando actitudes discriminatorias y protegiendo a los niños. Es indispensable hacerse cargo de manera leal y constructiva de las consecuencias de la separación o del divorcio, en los hijos: ellos no pueden convertirse en un “objeto” de contienda y se deben buscar las formas mejores para que puedan superar el trauma de la división familiar y crecer en el modo más posible sereno.

En cuanto a la agilización de los procedimientos para el reconocimiento de la nulidad matrimonial el Relator general del Sínodo recuerda las propuestas formuladas en el Aula: la superación de la necesidad de la doble sentencia conforme; la posibilidad de determinar una vía administrativa bajo la responsabilidad del obispo diocesano; un proceso sumario para realizar en los casos de nulidad notoria. considerar la posibilidad de dar relevancia a la fe de los novios. Todo ello requiere- dice el prelado – personal del clero y laicos adecuadamente preparados, y una mayor responsabilidad de los obispos locales.

En cuanto al acceso al sacramento de la Eucaristía para los divorciados que se han vuelto a casar la Relación enumera las principales recomendaciones surgidas durante el Sínodo: mantener la disciplina actual; mayor apertura en condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos; o bien optar por el camino »penitencial»: Para algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes.

Queda todavía abierta, la cuestión de la »comunión espiritual», para la que se ha solicitado una mayor profundización teológica así como una reflexión más profunda sobre los matrimonios mixtos y los »graves problemas» relacionados con la diversa disciplina matrimonial de las Iglesias ortodoxas.

En cuanto a las personas homosexuales, se hace hincapié en que cuentan con »dones y talentos que ofrecer a la comunidad cristiana». La Iglesia sea, por lo tanto, para ellos, »casa acogedora», afirmando siempre que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer y que tampoco es aceptable que organismos internacionales condicionen ayudas financieras a la introducción de normas inspiradas a la ideología gender. Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas. Además, la Iglesia tiene atención especial hacia los niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños.

En la última parte, la Relación retoma los argumentos de la encíclica »Humanae vitae» de Pablo VI y se centra en el tema de la apertura calificándola como »una exigencia intrínseca del amor conyugal». De ahí, la necesidad de un »lenguaje realista» que sepa explicar »la belleza y la verdad» de abrirse al don de un hijo, gracias también a una »educación adecuada sobre los métodos naturales de regulación de la fertilidad» y una »comunicación armoniosa y consciente de los cónyuges, en todas sus dimensiones». Asimismo es clave el desafío educativo, en el que la Iglesia juega »un papel importante de apoyo a las familias, sosteniéndolas en las decisiones y responsabilidades.

Por último, el cardenal Erdö subraya que el diálogo sínodal se llevó a cabo »en gran libertad y en un estilo de escucha recíproca,», y recuerda que las ideas propuestas hasta ahora no son decisiones ya tomadas. El camino,efectivamente, continuará con el Sínodo general ordinario, siempre sobre el tema de la familia, previsto para octubre de 2015.

 

DEBATE DE LOS PADRES SINODALES TRAS LA RELACION DESPUES DE LA DISCUSION

Ciudad del Vaticano, 14 octubre 2014 (VIS).- Durante la undécima Congregación General tuvo lugar la presentación en el Aula de la «Relatio post disceptationem», leída por el Relator General, el cardenal Peter Erdo.

Poco después, comenzó el debate libre de los Padres Sinodales. En general, la «Relatio post disceptationem» ha sido apreciada por su capacidad de «retratar» adecuadamente las intervenciones de estos días en el Aula, captando el espíritu de la Asamblea y destacando la acogida como tema principal de los trabajos. Del documento, se dice, emerge el amor de la Iglesia por la familia fiel a Cristo, pero también su capacidad de estar cerca del ser humano en cada momento de su vida, de comprender que, detrás de los desafíos pastorales, hay muchas personas que sufren. La mirada del Sínodo -se ha reiterado – tendría que ser la del pastor que da la vida por sus ovejas, no la del que las juzga a priori.

Además, dado que la Relación recoge diversos puntos de vista para proporcionar una base de trabajo a los Círculos menores, se han sugerido algunas ideas adicionales. Por ejemplo, teniendo siempre presente que la Iglesia debe acoger a los que atraviesan por dificultades, sería bueno hablar más de las familias que se mantienen fieles a las enseñanzas del Evangelio, animándolas y dándoles las gracias por el testimonio que ofrecen. Del Sínodo debería emerger más claramente que el matrimonio indisoluble, feliz, fiel para siempre , es hermoso, es posible y está presente en la sociedad, evitando así de centrarse principalmente en las situaciones familiares imperfectas.

También se ha hablado de acentuar más el tema de la mujer, de su tutela y su importancia para la transmisión de la vida y de la fe; de integrar alguna reflexión sobre la figura de los abuelos en el hogar; de incluir una referencia más específica a la familia como «Iglesia doméstica» y a la parroquia como una «familia de familias», así como a la Sagrada Familia, como modelo de referencia. En este contexto, también se ha tratado de cómo valorizar la perspectiva misionera de la familia y de su anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo.

Es necesario profundizar y aclarar la cuestión de la “gradualidad’’, que podría dar origen a una serie de confusiones. Por ejemplo, en cuanto al acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar, se ha dicho que es difícil aceptar excepciones sin que, en realidad, se conviertan en una regla común.

Asimismo se hizo notar que la palabra «pecado» no está casi presente en la Relatio. Y también se recordó el tono profético de las palabras de Jesús, para evitar el riesgo de conformarse a la mentalidad de este mundo.

En relación a los homosexuales se puso de relieve la necesidad de aceptación, pero con la prudencia adecuada, con el fin de no crear la impresión de una evaluación positiva de esa orientación por parte de la Iglesia. La misma atención se solicitó por cuanto respecta a las convivencias.

Igualmente se apuntó a la necesidad de reiterar la importancia del sacramento del Bautismo que es esencial para comprender plenamente la sacramentalidad del matrimonio y también su ser un «ministerio» en el anuncio del Evangelio.

En cuanto a la agilización de los procedimientos para las causas de nulidad matrimonial, ha suscitado alguna perplejidad la propuesta de dar más competencias al obispo diocesano, cargando así demasiado peso sobre sus hombros. Se ha solicitado una reflexión más profunda y articulada sobre los casos de poligamia – en especial los de aquellos que se convierten y quieren recibir los sacramentos – y sobre la difusión de la pornografía (de forma particular en la web) que representa un riesgo real para la unidad familiar. Por último, en relación con la apertura a la vida por parte de las parejas, se hizo hincapié en la necesidad de abordar con más detalle y decisión no sólo el tema del aborto, sino también el de maternidad subrogada.

 

DUODECIMA CONGREGACION: EVALUACION Y SUGERENCIAS SOBRE LA RELACION DESPUES DE LA DISCUSION

Ciudad del Vaticano, 16 octubre 2014 (VIS).- Durante la duodécima Congregación General se presentaron en el Aula las relaciones de los diez Círculos menores, divididos por lenguas, dos en francés, tres en inglés, tres en italiano y dos en español. En general, los círculos menores ofrecieron tanto una evaluación de la «Relatio post disceptationem» (RPD), documento provisional en la mitad del recorrido del Sínodo, como varias posibles sugerencias para su inclusión en la «Relatio Synodi» (RS), documento definitivo y conclusivo de la Asamblea

En el Aula se expresó, en primer lugar, perplejidad por la publicación. si bien legítima de la RPD, porque, se dijo, se trata de un documento de trabajo que no expresa una opinión única y compartida por todos los Padres sinodales. Por lo tanto, después de haber apreciado el gran trabajo realizado para la redacción del texto y su estructura, los Círculos menores presentaron sus sugerencias.

Ante todo se hizo hincapié en que la RPD se concentra en las preocupaciones de las familias en crisis, sin una referencia más amplia al mensaje positivo del evangelio de la familia, al hecho de que el matrimonio como sacramento, unión indisoluble entre el hombre y la mujer, es un valor aún muy presente y en el que muchas parejas creen. Por ello, se espera que la RS contenga también un mensaje fuerte de aliento y apoyo de la Iglesia a los cónyuges fieles..

Por otra parte es esencial – se afirmó –evidenciar más adecuadamente la doctrina sobre el matrimonio, insistiendo en que es un don de Dios. Otras sugerencias adicionales fueron que en la RS se integren también elementos no contenidos en la RPD como el tema de lasadopciones, para la cuales se solicitó una simplificación de los procedimientos burocráticos, tanto nacionales como internacionales; o incluso las cuestiones de la biotecnología y la difusión de la cultura a través de la web, que pueden condicionar la vida familiar, así como una nota acerca de la importancia de las políticas en favor de la familia.

Se reiteró que es necesario prestar más atención a la presencia de los ancianos en los hogares y a las familias que viven en extrema pobreza, denunciando también las tragedias de la prostitución, la mutilación genital femenina y la explotación de niños con fines sexuales y laborales. Es importante -se dijo en el Aula- resaltar el papel fundamental de las familias en la evangelización y en la transmisión de la fe, destacando la vocación misionera. Todo ello con el objetivo de proporcionar una evaluación completa y equilibrada de la idea de «familia» en el sentido cristiano.

Con respecto a las situaciones familiares difíciles, los Círculos menores han evidenciado que la Iglesia debe ser una casa acogedora para todos, con el fin de que nadie se sienta rechazado. Sin embargo, se manifestó el deseo de una mayor claridad, evitando confusiones, vacilaciones y eufemismos en el lenguaje; por ejemplo sobre la ley de la gradualidad, para que no se convierta en gradualidad de la ley. Además, algunos Círculos expresaron su preocupación por la analogía hecha con el párrafo 8 de la «Lumen Gentium», ya que podría dar la impresión de una voluntad por parte de la Iglesia, de legitimar situaciones familiares irregulares, aunque puedan representar una etapa en el camino hacia el sacramento del matrimonio. Otros Círculos pidieron que se profundizase el concepto de «comunión espiritual», para que sea evaluado y, eventualmente, promovido y difundido.

Con respecto al acercamiento de los divorciados que se han vuelto a casar al sacramento de la Eucaristía, se expresaron, por la mayor parte, dos opiniones. Por un lado, se sugirió que la doctrina no se modificase y siguiera siendo la misma de ahora; por otro se habló de abrirse a la posibilidad de conceder la comunión , desde la perspectiva de la compasión y de la misericordia, pero sólo si se cumplen unas condiciones determinadas. En algunos casos, además, se sugirió que la cuestión fuera estudiada por una comisión especial interdisciplinaria. También se pidió que se prestase más atención a los divorciados que no se han vuelto a casar, testigos a veces heroicos de la fidelidad matrimonial. Al mismo tiempo, se manifestó el deseo que se acelere el proceso de reconocimiento de la nulidad del matrimonio y de la constatación de la validez del mismo. Y se recordó que los hijos no son una carga, sino un don de Dios, fruto del amor entre los esposos.

Se pidió una mayor orientación cristocéntrica, así como un mayor énfasis en el vínculo entre los sacramentos del matrimonio y el bautismo. La visión del mundo debe ser la que pasa por la lente del Evangelio, para invitar a los seres humanos a la conversión del corazón.

Igualmente se reiteró que, a pesar de la imposibilidad de equiparar el matrimonio entre hombre y mujer a las uniones homosexuales, las personas con esta orientación deben ser acompañadas pastoralmente y protegidas en su dignidad, pero sin que esto parezca una aprobación, por parte de la Iglesia, de su orientación y su forma de vida. Sobre la cuestión de la poligamia, en particular de los polígamos convertidos al catolicismo que deseen recibir los sacramentos, se sugirió un estudio amplio y exhaustivo.

Los grupos de trabajo también solicitaron una reflexión más amplia sobre la figura de María y la Sagrada Familia, para proponerlos como modelo de referencia para todos los núcleos familiares. Por último, se insistió en que se señalase que la RS será, en cualquier caso, un documento de preparación para el Sínodo Ordinario previsto para octubre de 2015.

 

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Cholo Hurtado

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