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Presentación del Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2016

Presentación del Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2016
febrero 02
11:21 2016

Ciudad del Vaticano, (Vis).-El martes 26 de enero, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la presentación del Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2016. Han intervenido el cardenal Francesco Montenegro, arzobispo de Agrigento (Italia) y miembro del Pontificio Consejo Cor Unum, Mons. Giampietro Dal Toso y Mons. Segundo Tejado Muñoz, respectivamente Secretario y Subsecretario del mismo dicasterio.

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En su intervención el cardenal Montenegro explicó que el Mensaje se articula en tres puntos: la misericordia a la luz de la Palabra de Dios, la insistencia en las obras de misericordia y la relación entre la Cuaresma y el itinerario jubilar. La primera parte se centra en el tema de la misericordia en la Escritura y contribuye a recuperar los significados fundamentales de ese término que Francisco definió una vez como el arquitrabe tanto del misterio trinitario como de la vida de la Iglesia. En particular, ya que la Cuaresma desemboca en el misterio pascual, se hace todavía más patente que la cruz de Cristo es la culminación de la revelación de la misericordia del Padre y Jesús es el rostro de tal misericordia. »Durante la Cuaresma -dijo el cardenal- la Iglesia siempre ha invitado a nutrirse más de la Palabra de Dios y el Papa invita a todos los cristianos a explorar el tema de la misericordia a través de las páginas de la Biblia y de los profetas, ya que estas no se limitan a reiterar que Dios es misericordioso, sino que afirman claramente que también lo deben ser sus hijos, ejercitándose para vivir un amor más grande, especialmente prestando atención a los pequeños, los pobres y los indefensos».

Las obras de misericordia, el segundo punto clave del mensaje, forman parte del tesoro de la tradición cristiana y si, durante la Cuaresma, fijamos nuestra mirada en Cristo crucificado y en la liturgia revivimos todo lo que sufrió por amor a nosotros, »no podemos pensar que ese rostro, aunque sea único, haya dejado de estar presente en la historia»- agregó mons. Montenegro.- El Papa desearía que durante la Cuaresma todo cristiano sintiera la necesidad de nutrirse de la Palabra de Dios y al mismo tiempo abriese su corazón a los que sufren ejercitándose en vivir las obras de misericordia. Como pastor de una iglesia que vive algunas formas de pobreza y varios desafíos notables como el de la inmigración me gustaría añadir algo -continuó- A veces se tiende a pensar que la fe se pueda vivir solamente participando en los sacramentos, o rezando y se excluyen de la vida espiritual las necesidades espirituales de las personas, especialmente de los más pobres. El resultado es que ese tipo de fe tarde o temprano se vuelve estéril e insípida. En cambio, cuando nos abrimos a una más completa que, pensándolo bien, es la evangélica- la que exige que se escuche y se ponga en práctica – la fe se convierte en experiencia contagiosa y alegre, enriquecedora y estimulante. Lo hemos experimentado, por ejemplo, en Lampedusa durante el desembarco de miles de personas y en muchas otras comunidades que han aceptado el reto de abrirse a las diferentes formas de la pobreza en la zona… Está claro que no es fácil, porque algunas veces hay que hacer cuentas con una mentalidad arraigada y que dificilmente acepta las novedades. …Pero según mi experiencia, yo diría que es una forma posible y, sobre todo, es lo que Jesús nos pide en el Evangelio».

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Por último, el Mensaje atañe al itinerario jubilar. »El misterio pascual es el corazón del año litúrgico y esta cuaresma se coloca justo en el corazón del Jubileo -dijo el arzobispo de Agrigento- En esta perspectiva, en el documento subyacen cuestiones relativas al contexto histórico y cultural de hoy y a cómo el cristiano se sitúe en él…. De ahí la propuesta «profética» del Jubileo y el tiempo de Cuaresma como un tiempo para examinar el camino de la propia vida y para escuchar el grito de los pobres, del mismo Cristo que llama a la puerta de nuestros corazones con la esperanza de que elijamos abrirle y acogiéndolo saboreamos la vida real. En estos primeros meses del Jubileo, sobre todo, a través del signo de la «puerta» hemos podido experimentar la belleza de la misericordia accesible a todos. No sólo la puerta de la basílica de San Pedro o de las basílicas mayores sino de las catedrales de las diócesis y, sobre todo de algunos lugares símbolos de la pobreza: el albergue de Caritas aquí en Roma y las celdas de los presos. A través de estas opciones fuertes el Papa está invitando a toda la iglesia a ponerse en camino hacia cada persona y, en particular, hacia los pobres y los que sufren. Así, el camino del Jubileo no es solamente el del calendario, sino el que todos estamos llamados a recorrer, sostenidos por la misericordia de Dios, para reconocerlo en los pobres para ponernos a su lado en una actitud de escucha y de servicio».

Por su parte mons. Del Toso habló de dos iniciativas de Cor Unum durante esta cuaresma. La primera obedece a una petición del Santo Padre y se trata de un retiro espiritual para los que trabajan en el servicio de caridad de la Iglesia, para que también ellos »experimenten la misericordia de Dios». La segunda es un gran congreso internacional para conmemorar los diez años de la publicación de la primera encíclica del Papa emérito Benedicto XVI »Deus caritas est», que tendrá lugar del 25 al 26 de febrero en el Aula Nueva del Sinodo.

Mensaje del Santo Padre: »Misericordia quiero y no sacrificio». Las obras de misericordia en el camino jubilar

»Misericordia quiero y no sacrificio». Las obras de misericordia en el camino jubilar». es el título del Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de 2016 (10 de febrero-20 de marzo). Partiendo de la cita del evangelio de san Mateo, el Santo Padre desarrolla su mensaje en tres apartados: María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada; la alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia y las obras de misericordia. El documento, fechado el 4 de octubre, festividad de san Francisco de Asís, concluye invitando a todos a no perder este este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión y pidiendo para ello la intercesión de la Virgen María, la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina confesó su propia pequeñez reconociéndose como la humilde esclava del Señor.

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Sigue el texto completo del Mensaje:

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que »la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» . Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa »24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la »Misericordia encarnada» . En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: »Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas». El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es »la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado», el primer anuncio que »siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» . La Misericordia entonces »expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» , restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que »el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» .

En el pobre, en efecto, la carne de Cristo »se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado». Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias; más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte, el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa, y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco »seréis como Dios» que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los »soberbios», los »poderosos» y los »ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: »Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen». Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez, reconociéndose como la humilde esclava del Señor».

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Cholo Hurtado

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