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Informe del cardenal O’Malley sobre el trabajo de la Comisión para la Protección de los Menores

Informe del  cardenal O’Malley sobre el trabajo de la Comisión para la Protección de los Menores
febrero 16
18:51 2015

Ciudad del Vaticano, (VIS).-El cardenal Sean Patrick O’Malley O.F.M.Cap, arzobispo de Boston (EE.UU) y Presidente de la Comisión para la Protección de los Menores ha informado en la Oficina de Prensa de la Santa Sede del estado de los trabajos de ese organismo, tras la carta enviada por el Papa Francisco el pasado 2 de febrero a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y Superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica de todo el mundo. Acompañaban al cardenal dos miembros de la Comisión, Sor Kayula Gertrude Lesa RSC, de Zambia, que se dedica a los refugiados y las víctimas de la trata de personas y el inglés Peter Saunders, fundador del ente NAPAC (Asociación Nacional para las Personas que sufrieron abusos en la infancia).

El cardenal O’Malley, después de recordar que la fecha en que el Papa envió la carta – festividad de la Presentación del Niño en el Templo- reviste un significado simbólico, ya que la Comisión que preside trabaja para que »el templo sea un lugar seguro para llevar a los niños», reveló que a su vez el está escribiendo también a cada conferencia para pedir que designen a una persona de contacto con la que establecer una línea de comunicación tanto con las Conferencias episcopales como con los Superiores Religiosos. »Otra de las tareas de la Comisión, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe -continuó- es sugerir mejores prácticas especialmente a aquellas Conferencias que encuentran difícil poner a punto políticas en este ámbito. La Comisión también tiene la tarea de promover programas de educación y de seguridad para niños y presentar métodos para verificar su cumplimiento».

El viernes, 6 de febrero, se reunió por primera vez la Comisión al completo que cuenta diecisiete miembros entre los cuales una nueva representación de África, Asia, América del Sur y Oceanía. »Estoy realmente impresionado -dijo el arzobispo de Boston- por la rica experiencia y el compromiso que todos los miembros aportan a la Comisión».

»Actualmente -señaló- estamos trabajando en la creación de seminarios para educar a la jefatura eclesiástica en materia de la protección de la infancia. Esperamos ofrecer estos programas a los miembros de la Curia romana y a los obispos recientemente nombrados que vienen a Roma de todo el mundo, para acceder a los programas de orientación patrocinados por la Congregación para los Obispos y la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. La Comisión también está preparando materiales para una Jornada de Oración por todos aquellos que han sido víctimas de abuso sexual. Esa actividad evidencia nuestra responsabilidad de actuar en la cura espiritual y también contribuye a concienciar a la comunidad católica acerca de la lacra del abuso en la infancia».

»También hemos empezado a contactar con los organismos católicos de beneficencia para pedirles que incluyan en su radio de acción algunos proyectos relativos a la protección de los niños. Como nos hemos dado cuenta de que muchos de los países que más necesitan avanzar en la protección de los niños carecen también dramáticamente de recursos, estamos pidiendo a los organismos de beneficencia que subvencionen en estos países programas de protección de la infancia y de capacitación para el personal de la Iglesia», añadió el purpurado.

Asimismo la Comisión está estableciendo una serie de grupos de trabajo para aprovechar la experiencia de las personas que no son miembros de ella pero pueden proporcionar valiosa asistencia. »Tenemos un grupo de trabajo -concluyó- cuya tarea es ponerse en contacto con las víctimas que podrían contribuir a nuestros esfuerzos con su participación, especialmente en lo que se refiere a las pautas de prevención y a las directrices concretas»

Carta de Francisco
El Papa Francisco ha escrito una carta a los presidentes de las conferencias episcopales y a los superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica en la que pide su colaboración con la Comisión para la Tutela de los Menores que instituyó en marzo de 2014. Sigue el texto completo de la misma, fechada en el Vaticano el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor.

»En marzo del año pasado instituí la Pontificia Comisión para la tutela de menores, anunciada ya en diciembre de 2013, con el fin de ofrecer propuestas e iniciativas orientadas a mejorar las normas y los procedimientos para la protección de todos los menores y adultos vulnerables, y he llamado a formar parte de dicha Comisión a personas altamente cualificadas y notorias por sus esfuerzos en este campo.

El siguiente mes de julio, en la reunión que tuve con algunas personas que han sido objeto de abusos sexuales por parte de sacerdotes, me sentí conmovido e impresionado por la intensidad de su sufrimiento y la firmeza de su fe. Esto confirmó una vez más mi convicción de que se debe continuar haciendo todo lo posible para erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores y adultos vulnerables, y abrir un camino de reconciliación y curación para quien ha sufrido abusos.

Por estas razones, he añadido el pasado mes de diciembre nuevos miembros a la Comisión, en representación de las Iglesias particulares de todo el mundo. Y dentro de pocos días, todos estos miembros se reunirán en Roma por primera vez.

En este contexto, considero que la Comisión será un nuevo, válido y eficaz instrumento para ayudarme a animar y promover el compromiso de toda la Iglesia en sus diversos ámbitos — Conferencias Episcopales, diócesis, Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, etc. — para poner en práctica las actuaciones necesarias para garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables, y dar respuestas de justicia y misericordia.

Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por tanto, no se podrá dar prioridad a ningún otro tipo de consideración, de la naturaleza que sea, como, por ejemplo, el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores.

También se debe vigilar atentamente que se cumpla plenamente la circular emanada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de mayo de 2011, para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de las líneas maestras para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Es importante que las Conferencias Episcopales adopten un instrumento para revisar periódicamente las normas y comprobar su cumplimiento.

Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables. Como expresión del deber de la Iglesia de manifestar la compasión de Jesús a los que han sufrido abuso sexual, y a sus familias, se insta a las diócesis y los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica a establecer programas de atención pastoral, que podrán contar con la aportación de servicios psicológicos y espirituales.

Por todos estos motivos, pido vuestra colaboración plena y atenta con la Comisión para la tutela de los menores. La tarea que le he encomendado incluye la asistencia a vosotros y a vuestras Conferencias, mediante un intercambio mutuo de «praxis virtuosas» y de programas de educación, formación e instrucción por lo que se refiere a la respuesta que se ha de dar a los abusos sexuales.

Que el Señor Jesús infunda en cada uno de nosotros, ministros de la Iglesia, ese amor y esa predilección por los pequeños que ha caracterizado su presencia entre los hombres, y que se traduce en una responsabilidad especial respecto al bien de los menores y adultos vulnerables. Que María Santísima, Madre de la ternura, nos ayude a cumplir, con generosidad y rigor, nuestro deber de reconocer humildemente y reparar las injusticias del pasado, y a ser siempre fieles a la tarea de proteger a quienes son los predilectos de Jesús».

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Cholo Hurtado

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