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Entrevista al Cardenal Zenari: Siria, “la forma más difícil de morir es en silencio”

Entrevista al Cardenal Zenari: Siria, “la forma más difícil de morir es en silencio”
octubre 30
02:32 2020

Llamamiento a la esperanza.

(zenit – 28 oct. 2020).- En una entrevista exclusiva con zenit, el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en Siria, ha denunciado la trágica situación de la “mártir”, “amada Siria”, repitiendo las escalofriantes palabras de un periodista sirio: “Creo que la forma más difícil de morir es en silencio”.

Recientemente, el nuncio apostólico estuvo en Roma donde habló a una reunión de embajadores de la Santa Sede en el Vaticano, organizada por el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, sobre la duradera crisis y las nuevas amenazas que enfrenta la nación del Medio Oriente.

La guerra que comenzó en Siria en marzo de 2011 ha causado lo que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha llamado “la mayor crisis humanitaria de nuestro tiempo”. Según los datos de 2016, la agencia de la ONU estimó que la emergencia humanitaria ha afectado a 13,5 millones de sirios, incluyendo 6 millones de niños. La mayoría, casi 9 millones de personas, viven en la inseguridad alimentaria, sin acceso a los suministros básicos.

En esta amplia entrevista, el cardenal arroja mucha luz sobre toda la situación traumática y lo que se necesita. Aunque siempre dice que la esperanza no debe morir, advierte de los mayores riesgos de fundamentalismo que podrían ponernos a todos en peligro.

Después de haber sido testigo de este sangriento conflicto en curso que se ha cobrado tantas vidas, incluidos muchos niños, señala cuántos de ellos que ahora viven en la pobreza extrema morirán de malnutrición. Hace un llamamiento a la comunidad internacional para que tome medidas concretas en medio de la destrucción, la fragilidad y la pobreza de la nación.

“El mosaico ejemplar de coexistencia entre diferentes grupos étnicos y religiones, que existía antes del conflicto, se conserva en parte, aunque ha sufrido daños”, afirma el Cardenal Zenari, pero “ahora”, advierte, “existe el riesgo de que surja un cierto fundamentalismo”.

“Hay que promover el papel de la llamada ‘sociedad civil’, para evitar el peligro de que en el futuro caiga en manos de fundamentalistas y extremistas, o, como se suele decir, ‘de que caiga de la sartén al fuego’, dice.

Entrevista exclusiva de zenit con el cardenal Zenari

zenit: Su Eminencia, dijo a los embajadores que hasta la fecha Siria ha desaparecido del radar de los medios de comunicación internacionales. Entre otras cosas, es inusual que un nuncio apostólico se reúna en el Vaticano con los embajadores del mundo. ¿Por qué quería reunirse con ellos y con qué esperanzas?

Cardenal Zenari: En los últimos días estuve en Roma para reunirme con el Papa Francisco y ponerle al día sobre la situación de la población siria mártir y, en particular, de los cristianos. De ese encuentro nació la idea de tratar de involucrar en gran medida a la Comunidad Internacional, reuniéndome con los embajadores acreditados ante la Santa Sede. Les recordé la preocupación expresada por el Papa Francisco el 9 de enero de este año, cuando se reunió con ellos en el Vaticano para el intercambio de saludos de Año Nuevo, y cité sus palabras: “Me refiero en primer lugar al manto de silencio, que corre el riesgo de cubrir la guerra que ha devastado Siria en el curso de esta década”.

He querido recordar la necesidad de la solidaridad, sobre todo en un mundo globalizado como el nuestro, citando un pasaje de la encíclica Fratelli Tutti, donde dice: “Necesitamos desarrollar esta consciencia de que hoy o nos salvamos todos o no se salva nadie. La pobreza, la decadencia, los sufrimientos de un lugar de la tierra son un silencioso caldo de cultivo de problemas que finalmente afectarán a todo el planeta” (n. 137). Cité también el pasaje que, comentando la parábola evangélica del buen samaritano, afirma: “Todos tenemos responsabilidad sobre el herido que es el pueblo mismo y todos los pueblos de la tierra” (n. 79).

zenit: ¿Qué más compartió con los diplomáticos?

Cardenal Zenari: También informé del angustioso llamamiento de un periodista sirio, con el seudónimo de Waad Al-Kateab, que en un artículo aparecido en el New York Times el 7 de febrero de 2020, titulado “We Are Left to Face Death Alone” (“Nos dejan solos frente a la muerte”), escribió: “En los últimos nueve años, los sirios hemos sido asesinados de todas las formas posibles: por bombas de cañón, bombardeos, armas, armas químicas, torturas, hambre. Pero creo que la forma más difícil de morir es en silencio, así que sigo contando nuestras historias. Es mi deber, mi responsabilidad como mujer que ha sobrevivido. Este es el destino de los que han escapado: volver a contar sin cesar nuestras propias historias y contar las historias de otros que todavía están en Siria”.

Mi encuentro con los diplomáticos pretendía ser, más que nada, una “tormenta de ideas» o “alimento para el pensamiento”, con la esperanza de que pudiera promover alguna acción concreta a favor de la Siria mártir.

zenit: ¿Puede definirse la guerra civil como terminada en todo el territorio sirio o no? Donde los combates se han detenido, ¿cómo se está llevando a cabo la reconstrucción?

Cardenal Zenari: Desafortunadamente, después de unos 10 años, la guerra en Siria aún no ha terminado. En vigor en la provincia noroeste de Idleb desde principios de marzo de este año es, a veces, un frágil alto al fuego. Además, en el noreste, la situación político-militar no está nada clara.  Alrededor del 30% del territorio permanece fuera del control del Gobierno. Aquí y allá, especialmente en las zonas desérticas, los grupos de ISIS llevan a cabo de vez en cuando ataques terroristas.

Incluso si lo peor parece haber pasado, no hay que olvidar – como recuerda Geir Pedersen, el enviado especial de la ONU para Siria -, que en el suelo y el cielo de Siria las Fuerzas Armadas de cinco países siguen operando en desacuerdo entre ellos.

Si en diferentes partes de Siria no han caído bombas desde hace algunos meses, ha estallado lo que podría describirse como la “bomba” de la pobreza que, según datos de la ONU, afecta a más del 80% de la población, reduciéndola a vivir por debajo del umbral de la pobreza. La lira siria ha perdido gran parte de su valor. Los precios de los bienes de consumo han aumentado de forma incontrolada. Frente a las panaderías de Damasco la gente hace cola para intentar comprar pan, aún disponible, a precios facilitados por el Gobierno. Los casos de niños que sufren de malnutrición van en aumento.

zenit: ¿Podría explicarnos más sobre esto?

Cardenal Zenari: Donde los combates han cesado aún no se ven signos de reconstrucción. Las montañas de ruinas deben ser removidas primero. Basta pensar en los Ghoutas orientales, en ciertos barrios de Homs, en el este de Alepo, en Raqqa y en otros lugares. Según los expertos, para la reconstrucción y la puesta en marcha de la economía, se necesitan varios cientos de miles de millones de dólares. Además, hay que reconstruir viviendas, hospitales, escuelas y fábricas.  En algunas localidades, algunas viviendas están siendo reparadas con la ayuda de benefactores.

También será necesario restaurar el medio ambiente, ya que el aire, el suelo y el agua han sido contaminados, en estos últimos diez años de guerra, por todo tipo de armas y explosivos, cuyos efectos nocivos se derraman inevitablemente sobre la salud de la población incluso antes de la pandemia COVID-19, que también afecta a la población, aunque todavía de forma controlada, según los datos oficiales.

zenit:  Muchos sirios huyeron al extranjero durante la guerra, muchos otros permanecieron en Siria pero fueron obligados a dejar sus hogares. ¿Cuál es la situación actual de los refugiados y los desplazados internos? ¿Hay esperanza para que reanuden su vida de preguerra?

Cardenal Zenari: Alrededor de 12 millones de personas, es decir, la mitad de la población siria, se han visto obligadas a abandonar sus hogares, pueblos y ciudades. Los desplazados internos son más de seis millones, algunos de ellos han sido desplazados varias veces, ¡incluso hasta cinco o más veces! A todos los desplazados de su país, el Papa Francisco quiso reservar este año un recuerdo particular en el Día dedicado a los Migrantes y Refugiados. Alrededor de 5,5 millones son refugiados en los países vecinos.

El número 130 de la Encíclica Fratelli Tutti está dedicado a los que huyen de graves crisis humanitarias. Otros, probablemente alrededor de un millón, han emigrado al extranjero, en general jóvenes y personas preparadas, que dejan brechas insalvables en la sociedad siria. Aquí y allá la gente ha regresado a sus viviendas y aldeas, especialmente los desplazados internos, pero su número sigue siendo bastante reducido. Hacer que estos millones de personas regresen en condiciones de seguridad y dignidad es un enorme desafío, no solo para las autoridades sirias, sino también para la comunidad internacional. Se trata de tener que reconstruir distritos y aldeas enteras con las infraestructuras necesarias, como el agua, la corriente eléctrica y otros servicios públicos esenciales.  ¿Y cómo se puede dar trabajo a todos estos millones de personas?

zenit: Claramente esto llevará tiempo…

Cardenal Zenari: Estos son enormes desafíos que requieren años. Por no hablar de las muchas familias destruidas, de las viudas de guerra que hay que mantener, en circunstancias muy precarias y de los numerosos niños. Además, es necesario asegurar la coexistencia pacífica, a veces gravemente comprometida por el conflicto entre los diversos grupos étnicos. Se necesitará tiempo antes de ver el mosaico de coexistencia armoniosa restaurado como era antes del conflicto. Además, será necesario tratar de curar los espíritus, especialmente de los numerosos niños, que llevan las profundas cicatrices de la violencia sufrida o que han presenciado.

zenit: ¿Cómo describiría la situación de la comunidad cristiana? Siria era un país donde la coexistencia entre los diferentes grupos étnicos y religiones era armoniosa y pacífica. ¿Cómo cree que será en el futuro?

Cardenal Zenari: Dada la emigración causada por las circunstancias, la comunidad cristiana está más que diezmada. Los edificios sagrados y los símbolos religiosos sagrados han sido dañados o destruidos. En algunos casos, los cristianos han sufrido abusos, intimidaciones, presiones de conversión al islam por parte de los yihadistas. De cinco eclesiásticos, entre los que se encuentran dos obispos metropolitanos ortodoxos, no se sabe absolutamente nada de su destino, después de siete años de su desaparición. Como siempre en este tipo de conflictos, los grupos minoritarios son el eslabón más débil de la cadena.

No hay duda de que la herida más grave infligida a estas Iglesias orientales viene dada por la emigración. Un buen número de edificios sagrados, incluyendo las principales catedrales de Alepo, han sido reconstruidos, las piedras han sido puestas de nuevo en su lugar y los edificios de culto han vuelto a su anterior esplendor, ¡a veces incluso más bellos que antes! Sin embargo, faltan muchas “piedras vivas”, sobre todo entre los jóvenes. Esta emigración es un enorme daño no solo para las Iglesias de Siria, sino también para la sociedad siria misma. En el curso de dos mil años de presencia, los cristianos han contribuido notablemente al desarrollo de su país. Basta pensar en su importante contribución en el campo de la educación y la salud, así como en el campo artístico, literario y político. Basta recordar a Fares Al-Khoury, cristiano y gran estadista, recordado aún hoy con gran estima, que fue el primer ministro en los primeros años de la independencia. En última instancia, con su espíritu abierto y universal, los cristianos representan para la sociedad siria misma una ventana abierta al mundo. Esta ventana, por desgracia, se va cerrando poco a poco con cada partida.

El mosaico ejemplar de coexistencia entre diferentes grupos étnicos y religiones, que existía antes del conflicto, se conserva en parte, aunque ha sufrido daños. Ahora existe el riesgo de que surja un cierto fundamentalismo. Hay que promover el papel de la llamada “sociedad civil”, para evitar el peligro de que en el futuro caiga en manos de fundamentalistas y extremistas o, como se suele decir, “¡de caer de la sartén al fuego!”.

zenit: Y después de hablar con los embajadores, ¿qué le diría a los pueblos que representan, a la opinión pública mundial? ¿Qué pueden hacer por Siria?

Cardenal Zenari: He hablado con los embajadores para que transmitan el mensaje a sus respectivos gobiernos. Se trata de reavivar la solidaridad en un momento en que, como dijo el Papa Francisco durante la Vigilia de Oración en la plaza de San Pedro el 27 de marzo de este año, la pandemia causada por COVID-19 nos ha hecho conscientes de que todos nos encontramos en el mismo barco. Y así, si el agua entra en Siria o en cualquier otra parte del mundo, incluso lejos de nosotros, todos estamos en peligro. En estos largos años de conflicto sangriento he visto morir a gente, incluyendo niños. Ahora también veo morir la esperanza en los corazones de muchas personas. ¡No dejemos que la esperanza muera! ¡No la enterremos bajo un manto de silencio!

DEBORAH CASTELLANO LUBOV
Traducido por Nicolás J. López
Imagen: Cardenal Mario Zenari
(Foto: (C) Vatican Media)

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