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Cancelar la deuda: una cuestión de justicia

Cancelar la deuda: una cuestión de justicia
abril 11
02:00 2021

Una iniciativa apoyada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la Comisión Vaticana COVID-19, pero que parte de África, para África y se extiende a todo el mundo.

El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la Comisión Vaticana COVID-19 apoyan la campaña para la cancelación de la deuda de los países africanos. La iniciativa se puso en marcha ayer por la tarde, miércoles 7 de abril, durante un seminario web organizado por el Dicasterio y la Comisión, en colaboración con: Cáritas África, Symposium of Episcopal Conferences of Africa and Madagascar (SECAM), Jesuit Conference of Africa and Madagascar (JCAM), Association of Consecrated Women of East and Central Africa (ACWECA).

«Esta campaña, que se revela aún más urgente debido al COVID-19 -dijo la nueva Subsecretaria del Dicasterio, Sor Alessandra Smerilli-, parte de África, donde la Iglesia local ha dado forma a una demanda difundida en la sociedad civil. La contribución del Dicasterio fue, y es, ayudar a que adquiera visibilidad internacional con la esperanza de que se cree un amplio movimiento como en el año 2000, de modo que llegue a la atención del G7 y del G20, es decir, de quienes pueden incidir en el tema de manera directa y concreta».

«Es el momento de mirar, juzgar y actuar en nombre de los pobres y de los más vulnerables, dijo en la apertura Mons. Gabriel Justice Yaw Anokye, Arzobispo de Kumasi (Ghana) y Presidente de Cáritas África. En tiempos de dificultad y crisis, podemos ver la acción de Dios en la solidaridad». «No podemos dejar de actuar – afirmó el secretario general del SECAM, el padre Henry Akaabiam – porque si África vive endeudada, el mundo entero vivirá endeudado. Si África va bien, el mundo entero va bien».

Una iniciativa que parte en África y para África, pero que se extiende al mundo entero 

«Es cierto -añadió el P. Augusto Zampini, secretario adjunto del Dicasterio y miembro de la dirección de la Comisión vaticana COVID-19, querida precisamente por el Santo Padre hace un año- y mientras pensamos en cómo combatir y vencer la pandemia por el lado de la salud, debemos tener en cuenta lo que dice el Papa Francisco: ¿Cómo saldremos de esta crisis, mejores o peores? Porque hay que recordar que esta crisis no es aislada, sino que está conectada con anteriores: la crisis debida a la pandemia no ha hecho más que agravar las crisis ya existentes. Así que no podemos salir de esta crisis, que es sanitaria, económica, social, política y cultural, sin aliviar la carga de la deuda. No se trata de una cuestión técnica o de mera solidaridad, aunque eso es importante, sino de una cuestión de justicia. De justicia intergeneracional, porque no podemos hacer que nuestros hijos y las generaciones futuras paguen todos los efectos de nuestros errores, y de justicia espiritual. Tampoco podemos olvidar la deuda ecológica de los Grandes, principales responsables del cambio climático, cuyo peso, sin embargo, recae en gran medida en las naciones más pobres. Como en aquellas africanas».

«La deuda y la pobreza son primas, van juntas por desgracia», dijo la Hna. Hellen A. Bandiho, STH, Secretaria General de la ACWECA. «Imaginen el número de escuelas que se pueden construir cada año o los pupitres que se pueden comprar para que los alumnos puedan aprender cómodamente en lugar de estar sentados bajo los árboles. Imagínense el número de centros de salud que pueden construirse o mejorarse para que las mujeres caminen menos kilómetros para llegar a ellos».

«Es ciertamente una cuestión ética, pero es mucho más que eso», afirmó el padre Charlie Chilufya, director de la oficina de Justicia y Ecología de JCAM. «La cuestión es que la permanencia de la pandemia en las periferias del globo, por falta de medios, pone en riesgo la salud de todos». Hoy en día, el coste de las pendencias acumuladas sería suficiente para vacunar a todo el continente contra el Covid. Y, sin embargo, subraya el prelado, «esta crisis, que es muy violenta, también está ofreciendo muchas oportunidades de colaboración que nunca se habían visto: las personas, como nosotros hoy, se están uniendo para encontrar una solución que promueva la vida en el mundo».

Jaime Atienza, de Oxfam, llamó la atención sobre el vínculo entre todas las fuerzas que pueden unirse para mejorar las situaciones de crisis. «Estamos en un momento en el que tenemos que impulsar las finanzas hacia la justicia social», dijo. «Todo está conectado. Por eso tenemos que trabajar e impulsar con más fuerza medidas más amplias, un mayor impulso a los  SDGs; y construir coaliciones, practicar el ejercicio de la solidaridad con la sociedad civil, los medios de comunicación y los líderes mundiales.»

«La urgencia de la cancelación de la deuda – dijo Dominic Chai, SJ, un economista jesuita que colabora en los trabajos de la Comisión Vaticana COVID-19 – exige que se trabaje con constancia y se continúe el diálogo entre todos. Al hacerlo, será posible elevar tanto la concienciación como el compromiso a un nuevo nivel, no sólo en el contexto africano sino en cualquier región donde se sienta la carga de la deuda injusta».

Un concepto, el de la universalidad de la acción para la cancelación de la deuda allí donde sea necesario (además de África, América Latina, Asia…), también subrayado por el Card. Peter K.A. Turkson, Prefecto del Dicasterio, que lanzó oficialmente la campaña y garantizó el apoyo del Dicasterio Vaticano. ¿Cómo hacer, en la práctica? Partiendo del modelo «ver – juzgar – actuar», explicó el cardenal. Luego, «actuando acciones de advocacy y presión en dos direcciones: en el diálogo con las grandes instituciones financieras internacionales y en las relaciones con los gobiernos y grupos a nivel local y nacional para garantizar la máxima transparencia de las actividades. Esto significa también desarrollar un sistema de verificaciones y controles para que los recursos liberados en beneficio del continente vayan a donde realmente se necesitan para crecer y mejorar las condiciones de los pueblos y las personas». Ningún cheque en blanco, por tanto, sino la asunción de responsabilidades mutuas, así como con las personas que más viven en situaciones de extrema pobreza. De hecho, continuó el cardenal, «con los mecanismos de control adecuados, se puede garantizar que el dinero condonado se destine a la promoción de la salud y la educación, para garantizar ese desarrollo humano integral al que todos los hombres y mujeres, como nos recuerda a menudo el Papa Francisco, tienen derecho.» «La persona, como enseña la doctrina social de la Iglesia -concluyó-, tiene una dignidad que no puede ser comprometida: nadie puede ser dejado atrás a causa de la injusticia. Estamos llamados a ser custodios de nuestros hermanos: este es el corazón de nuestra solidaridad».

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Cholo Hurtado

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