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República Democrática del Congo, donde la guerra no es el problema

República Democrática del Congo, donde la guerra no es el problema
julio 31
09:48 2013

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Nos trasladamos en julio a la República Democrática del Congo, a la ciudad de Kananga donde no se vive en directo la guerra, pero sí se sufren las consecuencias del conflicto que afecta desde hace décadas al país centroafricano, traducido aquí en indiferencia y abandono. Nuestra mirada a la igualdad de este mes se ha posado en unas mujeres que luchan por salir adelante en un entorno patriarcal y machista, castigado y empobrecido por una guerra lejana. Allí, nuestras protagonistas, Anny y Silvie se preparan para poner en marcha un negocio de costura con el que contribuir a la paupérrima economía familiar.

Las mujeres son más vulnerables a las condiciones de pobreza, corrupción y desgobierno de la RDC debido, sobre todo, a la discriminación tanto en materia lesgislativa como en tradiciones culturales. Tienen un limitado acceso a las propiedades, a la educación y a los servicios financieros y, además, sobre ellas recae la tarea de sacar adelante a sus familias, sobre todo en las zonas rurales.

 

Sobrevivir en un entorno desolador

Por Marta Carreño

"Hoy estreno esta camisa hecha por mí. Yo la he diseñado y cosido. Es diferente de las que hacen otras chicas del taller de costura. Quiero hacer cosas distintas, seguro que así las vendo mejor.

Me llamo Anny y tengo 19 años. Aunque pueda parecer extraño en el país donde vivo y en mi entorno, todavía no estoy casada y tampoco tengo hijos. Muchas de mis amigas de mi edad tienen ya dos o tres niños. Quedaron embarazadas muy jóvenes y por eso su vida no va a ser muy diferente de las de sus madres y abuelas. Yo no quiero que me pase lo mismo que a ellas.

Me voy a casar, claro que sí, pero con un hombre que me quiere y al que yo también quiero. Y con mi amiga Silvie voy a poner un negocio de costura en la ciudad. Hace unos años, cuando empecé a asistir al taller de costura que las hermanas tienen en Kananga II, no imaginaba que yo iba a ser capaz de montar un taller por mi cuenta. Sé que en la ciudad voy a tener más oportunidades que aquí en el barrio. Y eso que, a pesar de que Kananga no está en zona de guerra, o quizá por ello, estamos en una región muy pobre.

Por aquí la gente que dice que si estuviéramos en guerra tendríamos más ayudas internacionales. Y que, además, aquí nació el líder de la oposición y Kabila no nos quiere mucho… A veces pasa por aquí a prometernos muchas cosas, que luego no cumple. Seguimos sin agua y sin luz y cuando las mujeres vamos a buscar agua, corremos peligro…

Silvie  y yo vamos a salir adelante. Ya hemos visitado el local en el que vamos a poner el taller. Además de costura, las hermanas nos enseñaron más cosas: ahora sé que debo ser respetada, que los hombres no son mejores que yo, que mis hijas tendrán derecho a educarse igual que mis hijos… Sé que soy capaz de salir adelante. Y espero que el que dentro de poco va a ser mi marido, que ahora me apoya, siga haciéndolo cuando empiece a ganar más que él…

Mi madre es quien más me ha apoyado. Ella me compró la máquina de coser y a ella le debo la ilusión que tengo ahora mismo. Seguro que no la defraudo".

 

Así actúa “Manos Unidas”: Equipamiento de un taller de costura para formación de jóvenes 

Anny y Silvie son antiguas alumnas del taller de costura, dirigido desde hace diez años por las hermanas de la Caridad de Jesús María. Un taller que "heredaron" de otra congregación y que lleva un cuarto de siglo apoyando a las mujeres más vulnerables de una ciudad en la que el progreso pareció detenerse hace muchos años. Miles de jóvenes han pasado ya por unos cursos de costura capaces de ofrecer un futuro más halagüeño a unas mujeres, a veces casi niñas, abandonadas muchas veces a su suerte: jóvenes madres solteras, analfabetas, pobres, huérfanas, con cargas familiares y sin recursos. Algunas con formación básica hasta 3º año de la enseñanza oficial del estado. Otro grupo con menos formación, pero con mucho interés por aprender y alcanzar su independencia económica. La mayoría con un bebé a su cargo. 

Por motivos económicos, las niñas son muchas veces dadas en matrimonio con tan sólo 13 o 14 años, y también por motivos económicos y sociales, son abandonadas por sus maridos con uno o varios hijos a su cargo. Entonces, sufren también el rechazo de sus familias. 

Manos Unidas no ha dejado nunca de apoyar a estas mujeres y, en la última ocasión lo ha hecho colaborando en la ampliación de los talleres y en la compra de máquinas de coser. Así, las jóvenes estudiantes, rechazadas por una sociedad machista, serán capaces, por medio del esfuerzo y de la independencia económica, de recobrar el respeto de sus comunidades y familias.

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Cholo Hurtado

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